Situada en un emplazamiento espectacular en uno de los preciosos acantilados del pueblo de Pimiango, la cueva de El Pindal es la primera manifestación del hombre prehistórico descubierta en Asturias (1.908). Forma par del Patrimonio Histórico Regional y fue declarada Monumento Nacional poco después de su descubrimiento.

Sus figuras, agrupadas en varios paneles y principalmente esbozados en trazo rojo, representan bisontes, caballos y ciervos, signos claviformes, de puntos e impresiones antropomorfas. Una de sus imágenes más famosas la compone el mamut con la mancha en forma de corazón, en el fondo de la galería.

Las pinturas se complementan con grabados asociados a diversos signos, destacando entre ellos la representación de un pez.

Estas muestras pictóricas pertenecen al Paleolítico Superior, en una imprecisa era postglaciar que se iniciaría hace 18.000 años y concluiría en el periodo Magdaleniense, 6.000 años antes de nuestra Era. Sus autores eran cazadores y recolectores, especializándose los últimos siglos en el marisqueo por el litoral marítimo, situado entonces más al norte del que hoy conocemos. Estos habitantes finales darían lugar al concreto período Asturiense dentro del citado Magdaleniense, caracterizado por sus útiles específicos para la tarea de la recolección de moluscos y crustáceos, y por la presencia de grandes concheros a la entrada de las cavidades.

Otras manifestaciones prehistóricas en Ribadedeva se encuentran en las cuevas de Mazaculos y de El Espinosu, mas la presencia de Túmulos y el recuerdo del desaparecido enterramiento del Molino Gasparín, entre los más antiguos estudiados en Asturias.

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